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24hs de cine

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Aladinno

Se podía ver como las estrellas caían por el cielo de Barcelona, desde el balcón de la habitación de un palacio de Gaudí. En esa misma habitación se hallaba una princesa de tez bruna que contemplaba con ojos caídos el paisaje. Estaba deprimida, cansada de la rutina de la alta nobleza, aburrida de esas ceremonias de Ferrero Rocher y champagne francés. Ya no le hacía sonreír nada, ni un vídeo de gatetes en el Facebook, ni una frase optimista de Paulo Coelho, ni siquiera el niño de la Salchipapa.

Su vida se había convertido en un folio cuadriculado con una única línea completamente horizontal, que la conducía hacía el infinito. Pero ella, adolescente valiente y segura de sí misma, no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados y ceño fruncido. Ella se vistió con su modelito más casual sport y saltó el muro del Palacio para conocer mundo.

Se dirigió directamente al centro de la ciudad, donde, precisamente ese día, se celebraba una manifestación en favor del derecho a una vivienda digna, convocada por los okupantes del Banc Expropiat. Al principio parecía tranquilo, un plan para pasar la tarde del chillin’, pero al poco rato la cosa se torció. Llegaron porra en mano los Mossos d’ Esquadra y, con pocas preguntas de por medio se pusieron a sus quehaseres mamasita. Justo cuando iban a por la princesa Jasmina, un joven comunista-bolchevique-marxista-socialdemócrata-trotskista-antisistema-leninista-podemita-soviet-anarquista de la extrema izquierda radical con actitud transversal la salvó. La cogió en brazos y la llevó hasta un lugar seguro, sin embargo, él no corrió la misma suerte; nada más torcer la esquina lo esposaron y se lo llevaron a comisaría.

Por arte de magia salió un hombre de las sombras de aquel calabozo.

− Tengo un último encargo para ti –decía la voz del hombre trajeado−. A cambio te sacaré de aquí.

− ¿Qué tengo que hacer?

El hombre trajeado mostró su rostro al muchacho, aunque ya le había reconocido. Se llamaba Yafardo, era el nuevo secretario general de cierto partido político, y antiguo narcotraficante catalán, famoso por poner en marcha un negocio innovador en el mundo de la droga: ‘Telefarlopa’ (la empresa fracasó).

Uno de sus empleados era Danonino, que a pesar de haberse desintoxicado hace años, aceptó la oferta de su antiguo jefe. Ahora Danonino afrontaba la vida alimentando sonrisas desde la salud, sin necesidad de repartir maría o choco. 

Esa misma tarde se dirigieron al almacén de unos rumanos, donde se guardaba, sobre todo, la droja sintética que procedía del Este de Europa.

− Tienes que coger la urna y traérmela. Después podrás pillar to’ lo que quieras, pero es muy importante que primero me traigas la urna; contiene una mierda nueva, mierda de la buena. 

Danonino entró en el almacén, vigilado por guardias rumanos al borde del coma etílico. Encontró rápidamente la urna, donde había cristal azul, parecido al de ‘Breaking Bad’. Todo iba bien hasta que Danonino vio una caja con heroína. Tendría que haber superado su adicción por completo y haber ido únicamente a por la urna, pero el mono le hizo coger el caballo. De repente, de golpe y pollazo, las alarmas empezaron a sonar y los guardias se despertaron. En el tiempo en el que se levantaron y se pusieron a perseguir a Danonino, a él ya le había dado tiempo a coger el cristal. Para escapar, el exyonki tuvo que correr en círculos hasta que los borrachos cayeron por el efecto del alcohol y el esfuerzo físico.

Mientras tanto, Yafardo, al ver que habían pillado a su secuaz, regresó a casa. Meditaba cómo cumplir su sueño: ser presidente del Gobierno. Para ello contó con la ayuda de Yago, su amigo imaginario, al que conoció con grandes dosis de speed cuando estuvo en Ibiza, donde compartió caravana con Pocholo. Éste le aconsejó que debía estrechar lazos con el Rey, ganarse su confianza, para que lo presentase como candidato a la Investidura. Fue entonces cuando dio en la estrategia: casarse con su hija.

A esa hora tonta entre la madrugada y la mañana, en la que los hombres decentes se despiertan para cambiar el país mientras la chusma se va a dormir el pedo, Yafardo se ponía su ceñido traje para ir a ver al Rey en la Ronda de Consultas, y Danonino salía del after con un pedacito del cristal de la urna. Le oyó a un sabio dealer que acechaba en la esquina del callejón, que esa droga te permitía pedir un deseo a un genio azul; Danonino, impaciente, se vio obligado a comprobarlo. Es cierto que se habría metido un par de chutes aunque no se hubiese encontrado con aquel camello, pero ahora al menos tenía una excusa de por qué había recaído. 

El genio azul brotó oscuro, negruzco, como si hubiese pasado mucho tiempo dentro de la urna. Además, no tenía la figura del típico genio de película, sino que llevaba rastas, gafas de sol, barba, y una chaqueta de chándal con los colores de Jamaica. El genio era Bob Marley.

− ¿Qué deseo vas a querer?

− Ehh…

− El deseo neng, que qué quieres.

− Quiero trajinarme a la princesa, pero a ella no le van los tíos como yo.

Entonces el Genio, alzó su peta para lanzar el conjuro. Cambió sus harapos de porrero por los de borjamari. Le quitó su camiseta de tirantes, sus bermudas y esas zapatillas roñosas que ataba con esparadrapo, para ponerle un polo de Ralph Lauren con un jersey de Tommy Hilfiger sobre los hombros, a juego con los pantalones de pinza y, para no tocar el mismo suelo que pisa la plebe por la calle, los náuticos Martinelli.

En el recibidor del palacio coincidieron los dos, pero sin mirarse. Por un lado, Yafardo esperó a ser atendido por el Rey en su despacho, mientras que Danonino entró directo a la habitación de la Princesa. Ambos iban con el mismo objetivo: camelarse a sus respectivos anfitriones. También coincidían en la táctica para lograrlo, aunque con una pequeña variante: el político de actos mediocres lo haría a traición, echándole narcóticos en el whisky; el barriobajero políticamente incorrecto convertido en un mediocre, lo haría con la verdad por delante, con la yerba que cogió in extremis del almacén.

Fumaron en el balcón donde daba comienzo esta historia. Desde allí, desde un balcón en el cual Romeo y Julieta se habrían jurado amor eterno a escondidas de sus familias, la Princesa y Danonino fumaban porros trompeteros que les hacían volar como si estuviesen flotando sobre una alfombra mágica.

Pasaron dos días desde que Yafardo intentase conquistar a la Princesa a partir de su padre, hasta el momento en el que vio en el ¡Hola! la nueva relación de Jasmina. Furioso, corrió a la habitación de hotel donde se encontraban fornicando como conejos y, aprovechando cuando estaban desnudos en la ducha, hurtó la ropa pija de Danonino con el fin de mostrarle a su amada quien es realmente su amante correspondido. Para asegurar su triunfo, también se llevó la urna, dejando en su lugar una falsificación de un cristal mucho más fuerte, mortal para cualquier persona.

El éxito era inminente. Danonino volvió a ingresar en Proyecto Hombre tras pasar unos días en el hospital, y Yafardo pidió el primero de sus deseos: ser presidente del Gobierno. Dicho y hecho. Bob Marley lo vistió como al presidente de España. No tardó en mostrar su enfado, ya que él quería tener poder, ser un líder, tomar decisiones importantes. Fue a reclamarle al Genio y a gastar su segundo deseo. Ahora se había convertido en la vicepresidenta de España.

En un principio no tuvo éxito, así que, usando su tercer y último deseo del Genio, pasó a un plan B (como su futuro partido): se fue al actual gobierno en funciones, con el objetivo de ir escalando puestos dentro de la organización. No tardó en conseguirlo y hacerse con el sillón de secretario general.

Para cuando Danonino se reinsertó en la sociedad, desintoxicándose por completo, se acababan de celebrar las vigesimoterceras elecciones desde el 20-D. En ellas, cómo no, era candidato Yafardo. Justo el día que le tocaba ir a la Ronda de Consultas con Su Majestad, apareció con una entrada triunfal Danonino, acompañado de varios agentes de la Guardia Civil dispuestos a enchironar al ministro por narcotráfico, pertenencia a banda armada, blanqueo de capital, evasión fiscal y otros tantos delitos de corrupción desde que pertenecía a su nuevo partido, el actual gobierno en funciones, el futuro gobierno a secas.

Sergio Mira

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